jueves, 4 de diciembre de 2008

OSCURECIENDO

Oscurece en tu despertar.
Debe ser que el sol se aletarga
o la luz no te quiere alcanzar.

Y en las tinieblas
con un collar de sombras ensartadas
te deslizas.
Sin llegar al final.
Resbalas hasta desdoblar tus arrugas
y descubres que te has hecho mayor mientras dormías.

Los atardeceres de tertulia con las noches.
Sin límite, sin horario de vuelta al día.

Y en esa penumbra adquirida con la edad
recorres la quietud ahumada del río infinito
por que la muerte retoza aún en otras orillas.
Dueña de esas aguas de indefinido color
fluyes a contracorriente,
peleas por reencontrarte con aquello
que se desprendió a medio camino.

Estorba el amanecer
Si no te ven, dejarán de pedir.
Piden más cuando creces.
Creces aunque te cuelguen las piernas de la silla.

Una vez, estorbó la claridad
pues los cazadores de inocencia
arrastrándose tras tu rastro
no dejaron escapar a su presa.

Y siempre que oscurece
el trofeo se cubre de barro.

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